“HE TENIDO APRENDICES QUE HAN IDO PERFECCIONANDO SU TÉCNICA Y, AL IRSE LIBRES, HAN CONTINUADO CON ESTE OFICIO”

ENTREVISTA A LUIS, MAESTRO CARPINTERO

Por Jorge A.
CPL Tungurahua N° 1

¿Cómo te gustaría presentarte?

Maestro carpintero (Luis).

¿Qué recuerdo tienes de cuando ingresaste a este centro?

Fue una experiencia muy fea que prefiero no recordar.

Fotos: Cortesía del SNAI.

¿Antiguamente, en tu oficio de carpintero, cómo era la dinámica en los talleres?

Antes era complicado el trabajo porque (en el mercado, generalmente) había un solo dueño de la máquina cortadora. En la actualidad, cada uno tiene su propio material y máquina: las cosas han cambiado. Además, el trueque en los talleres funciona hasta hoy en día, según entiendo, ya que se intercambian productos entre compañeros.

¿Crees que ha cambiado la relación con los clientes?

Antiguamente, el cliente solicitaba un trabajo y el carpintero lo realizaba (pero eso no siempre funcionaba). En una ocasión, por ejemplo, el trabajo que realicé no le gustó al cliente y todo el material y tiempo que invertí se perdieron. Por eso aprendí a trabajar de otra manera: si el cliente necesita un mueble, me puede traer un diseño (o boceto) o yo le puedo proponer uno, pero para empezar un trabajo se solicita el treinta por ciento del costo total.

¿Cómo has contribuido, desde tu oficio de carpintero, a la rehabilitación de otras personas privadas de libertad en este centro?

Siempre hay algo que hacer en la carpintería. Cuando alguien quiere trabajar, se le da la oportunidad, tomando en cuenta las normas de seguridad necesarias. Alguna vez, un compañero privado de libertad ingresó a trabajar conmigo, pero es complicado cuidar o enseñar a una persona si está sumida en el consumo… También he tenido aprendices que han ido perfeccionando la técnica y, al irse libres, han continuado con este oficio. Hay, también, otros que se han quedado y tienen sus propios espacios dentro del área de carpintería.

¿Cuál es tu propósito cuando retomes la libertad?

Lo primero es recuperar a mi familia y las experiencias perdidas en este tiempo de privación de libertad. Luego, hacer de mi trabajo una carta de presentación ante la sociedad, aportar con mis conocimientos a alguna persona que lo necesite o que se encuentre en un círculo vicioso y, así, demostrar que no existen barreras (cuando alguien quiere salir adelante). Algo que aprendí con otro maestro carpintero es que, al utilizar materia prima de primera calidad y demostrar honestidad, gracias a Dios, no falta trabajo.

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