Anónimo
CPL Esmeraldas N° 1
Al llegar al Centro de Privación de Libertad de Esmeraldas, me he encontrado no solo con mujeres adultas, sino también con una bebé de un añito de edad aproximadamente, a la cual nos enternece verla jugar, caminar, balbucear palabras y las cositas que va aprendiendo a su corta edad. Lo único que me deja preocupada es el hecho que al llegar la tarde, cuando nos encuentran después de las cinco de la tarde, ella varias veces se pone a llorar. Ella no tiene edad para comprender algunas cosas que pasan a su alrededor, pero a su corta edad ya sabe que estar encerrada es desagradable.
No se diga de mí que ya soy de la tercera edad y me ocurre lo mismo con la diferencia que, en vez de llorar inconsolablemente como la bebe, a mí me da una crisis de ansiedad que me corta la respiración, se me sube la presión a más de 200 y siento una angustia que pareciera que me voy a desmayar. Mi salud se ve fuertemente afectada por esta situación en la que me encuentro.
Ahora estoy jugando al juego de las escondidas, como en la película “La Vida es Bella” (en donde el actor Roberto Benigni fingía que el trabajo que realizaban los judíos en los campos de concentración nazis era parte de un juego para ganar de premio un tanque de guerra, cosa que era el sueño de su pequeño hijo. Hizo de todo para que no sufriera frente a la terrible realidad que vivían en ese lugar en la Segunda Guerra Mundial, en base a mantener una ilusión).
Yo también engaño a mi mente para hacerle creer que a las 17h00 (nuestra hora del encierro) hago un divertido juego llamado las escondidas, en el cual cada una se esconde en sus celdas. Yo también me escondo y no me encuentran hasta las 07:00 del día siguiente cuando abren la puerta para salir al patio y paso allí todo el día hasta que el juego se repite. De esta manera he logrado bajar los niveles de ansiedad y me siento más tranquila, mientras mi mente siga ilusionada con un juego.
A pesar de que soy de la tercera edad, aún tengo sueños y aspiraciones, debo cuidar de mi salud y superar esta situación de estar privada de libertad (no me quiero morir aquí). Cuando salga seguiré cuidando de mi madre y mi esposo —que están en silla de ruedas— y continuaré criando a siete nietos. Su bienestar y sus cuidados me hacen muy feliz. No aspiro a riquezas, lujos, ni vanidades: simplemente retornar a mi hogar y cuidar de mis seres queridos. La vida es mucho mejor al lado de los que más amas.

