Paúl P.
CPL Loja N° 1
Recuerdo este día como si fuese ayer, me encontraba trabajando en un bus interprovincial cubriendo la ruta Lago Agrio-Quito. Era una noche de esas estrelladas. Afuera del bus solo se escuchaba el viento. Todo parecía estar bien, quieto y en calma. Resulta que no recuerdo muy bien el lugar: sí que era un poco lejano. De pronto aparecieron tres personas y, alzando sus manos, nos detuvieron para recogerlos, subiendo a la unidad. Pasajeros comunes, normales que en ese trabajo siempre había.
A las 2 de la mañana, aproximadamente al llegar a la ciudad con mis compañeros de viaje, decidimos realizar el cobro de pasajes. Entonces yo fui el encargado y, al ir a cobrar, resulta que en el bus solamente iba una persona. Regresé asustado, lo comenté con los compañeros de viaje, pero ellos pensaron mal, pensaron que me estaba guardando lo de los demás pasajeros y se creó un ambiente de desconfianza, motivo por el cual ellos fueron a verificar, incluso con el conteo de las personas y pasajes.
Pero resulta que nunca aparecieron las demás personas o aquellos pasajeros, motivo por el cual el resto de viaje nos quedamos pensativos. Nunca los vimos bajar: solo desaparecieron en la nada. Razón por la cual dedujimos que eran almas que rondan el mundo en busca de perdón, sin saber cuál será su misión por cumplir dentro del espacio terrenal.

