Jonathan V.
CRS Manabí N° 2
Eran tan duras las historias dentro de la cárcel que provocaban llanto, tanto llanto. Historias de engaño, de traiciones, de mentiras, de infidelidades, de abandono, de violencia y crimen. Aun así, Juan seguía luchando por no dejarse llevar de esas tristezas que inundaban sus días.
Sin embargo, llegaba el momento donde ya no daba más y, entonces, se quebraba. ¿Cómo no iba a quebrarse si lo había perdido todo, su familia completa? Pero el dolor lo transformó. Poco a poco, iba recapacitando y se obligaba a cambiar para recuperar a los suyos. La maldita droga había fisurado, opacado y partido todo lo que él más amaba, así que sabía que su venganza sería decirle “ya no más” a la cocaína. No vamos a mentir: el drogadicto no se cura de la noche a la mañana, pero aprende a reconocer lo que está mal, aunque lo vuelva a hacer. Porque así es este círculo vicioso: te atrapa. No obstante, él sabía que era el momento de dejarla. Se esforzó mucho y tomó valor para salir a recuperar a su familia en cuanto saliera libre. Y fue así como nació un vencedor.

