Jacobo R.
CPPL Pichincha N° 1
Despierto, que si no sonrío es que ando mal dormido, pero por falta de sueño seguro ha de ser…
Me siento, pero no para descansar porque de la vida el único descanso verdadero es la muerte.
Camino, como quien quiere llegar lejos pero voy lento, lento. Como quien no quiere fatigarse, y ¿para qué tanto afán, si no se tiene claro a dónde se tiene que ir? Me acuesto, con las ganas de quitar el peso de mis hombros: rutina criminal, sociedad asesina. ¿En qué partida de rummy fue que te ganaste mi felicidad?
Despierto, eso sí agradecido, con ganas de lanzar los dados. ¿Me sonríe hoy la suerte? De seguro… unos pares. Lanzo de nuevo… Esta vez la suerte no acompaña. Ni modo, la tengo que esperar.
Me siento, pero ya no en tu regazo. Huele a canelones, imagina la tortura. El café que hacías con dos cucharadas de ternura no existe, no está. Me gustan las humitas de mi suegra fritas con mantequilla; la vida sin embargo me prepara a fuego lento… y más que cocción me hace falta sabor y me haces falta vos.
Camino, de un lugar a otro recogiendo nuestros pasos. Si digo nuestros es porque solo el camino se hace largo. Vamos juntos pero no revueltos. Que si yo vengo vos quieres irte o viceversa. No importa si no estás, solo estoy yo, vos hace rato que te me fuiste.
Me acuesto, en una celda fría, aquí no puedo changarte: zancudos y mosquitos me hacen soñarte a medias. De los errores se aprende y, si no, la rutina nos amansa, nos apalea, nos revive y a veces nos mata, amantes de la vida, adictos a la rutina. A la bendita rutina.

