“MI PROPÓSITO ES ENSEÑARLES A MIS HIJOS QUE, PESE A QUE SU MAMÁ ESTÁ DETENIDA, SÍ PUEDE SUPERARSE, SER MEJOR MADRE, SER MEJOR PERSONA”

ENTREVISTA A DIANA T.

CPL Manabí N° 1

Diana T. espera la primera pregunta sentada, detrás de la computadora que usan los maestros para impartir clases en el área educativa del Centro de Privación del Libertad Manabí N° 1, en Portoviejo. Estamos en un centro completamente femenino. Diana tiene treinta y cinco años, cumple sentencia desde hace ya casi cinco y, como la mayoría de sus compañeras, participa en uno de los ejes de tratamiento que promueve el Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Privadas de la Libertad y a Adolescentes Infractores (SNAI).

Diana T. es ingeniera informática, madre y, antes de estar privada de libertad, fue profesora. Las cosas han cambiado, pero su vocación persiste, pues actualmente estudia una carrera universitaria, colabora con el eje educativo en el centro Manabí N° 1 y, como parte de esa misma línea, tiene a su cargo la responsabilidad de hacer un boletín informativo en cuyas páginas se publican, cada semana, las actividades positivas y alineadas a los ejes de tratamiento en las que ella y sus compañeras participan: educación, formación laboral, actividades culturales y deportivas.

El boletín informativo A viva voz está suspendido temporalmente por cuestiones técnicas, pero Diana y las autoridades del centro esperan retomarlo pronto, nos dicen a eso de las dos de la tarde de un martes 27 de febrero, cuando las clases en el área educativa ya han terminado. La pizarra está limpia, los pupitres vacíos. Diana T. espera, detrás de una computadora, la primera pregunta.

¿A qué se dedicaba antes de estar aquí?

Daba clases de Informática e Inglés en una unidad educativa para niños, en Jipijapa. Inicié cuando terminé el colegio, en una institución que es de un familiar. Me gradué a los dieciséis años del colegio, me casé muy joven (a los quince años y medio), y comencé a estudiar y a trabajar allí con mi tío. Al principio no ganaba un sueldo, pero cuando cumplí dieciocho me propusieron ser auxiliar de educación inicial. Después decidí estudiar Ingeniería en Computación y Redes en Guayaquil. Viajaba los sábados, porque parte de la carrera la podía hacer a distancia y así no faltaba a las clases que daba en Jipijapa. Trabajé en ese lugar durante doce años, hasta 2018, cuando participé en un concurso de méritos y oposición y me dieron un nombramiento. Luego empezó el caso por el que estoy aquí, desde junio de 2019. En junio de este año (2024) cumplo mi sentencia.

Además de ser profesora, ¿qué otras actividades hacía?

Me gustaba hacer manualidades, trabajar en proyectos con mi exsuegra, daba tutorías de tesis para universitarios. Aquí (en este centro) he ayudado con las tesis de un abogado, un doctor y otras personas que ahora ya son profesionales.

¿Cómo se vinculó con el eje educativo?

Ingresé a este centro el 29 de junio de 2019, un día sábado. El siguiente lunes me llamaron para hacerme una prueba y evaluarme. Me preguntaron si sabía computación, les dije que era ingeniera, revisaron en el sistema y constaba mi título. Entonces, comencé como colaboradora de los ejes de tratamiento, como auxiliar, archivando hojas, escaneando documentos, hasta que un día me llamaron para el área educativa. Como sabían que había sido docente, la licenciada que estaba a cargo me preguntó si quería ser su ayudante y le dije que sí. Así empecé en el área educativa.

Luego, cuando estaba por salir la chica que antes hacía el boletín, hubo un concurso en el que participamos cinco personas. Me puse a trabajar en mi propuesta, me esmeré y a los ocho días la licenciada nos citó a todas las que participamos para darnos la notificación en la que decía que yo había ganado. Me sentí muy feliz por eso. Andaba con una cámara que nos proporcionaron, registrando todas las actividades que se hacen aquí, tanto en el eje laboral, educativo, deportivo, como en lo cultural y, en general, en todas las capacitaciones. El boletín informativo tenía una portada y un tema diferente cada semana. Tratábamos de hacerlo lo mejor posible y que fuera dinámico.

¿Recuerda, de manera especial, alguna actividad que hayan publicado?

Sí, las veces que vinieron delegados de instituciones y había que tomarles los datos, registrar los eventos… Ver a mis compañeras bordando (como parte del eje laboral) y empezar a hacerles preguntas sobre lo que sentían y lo que estaban haciendo. En un evento que llamamos carnaval cultural, las chicas mostraban lo que representaba el carnaval para ellas y fue algo muy bonito. Un Día del Escudo Nacional (31 de Octubre), las compañeras hicieron escudos con materiales reciclados, se veía cómo se esmeraban y, al final, se elegía a una ganadora. Otros eventos que cubrimos fueron San Valentín, el Día Internacional de la Mujer y varias actividades culturales. Lo que hacíamos con el boletín era maravilloso, porque salir en la publicación se convertía en una motivación para las compañeras.

Me decía, hace un momento, que hicieron hasta un logo especial para el boletín…

Así es, con la licenciada que estaba a cargo decidimos hacer un logotipo (en el que se ven unas manos rompiendo cadenas), que significa obtener la libertad. He escuchado decir que estar aquí es como estar en un cementerio de los vivos y que no somos escuchadas, pero yo siempre corrijo y digo que no, porque estamos privadas de libertad, detenidas, pero sí tenemos la libertad para expresarnos. Esas cadenas rompiéndose significan también libertad emocional. Muchas tenemos historias diferentes, cada mujer tiene su historia aquí, su preocupación, hay unas que no ven a sus hijos, otras que no saben qué será de la vida de ellos afuera… Entonces, por eso pusimos ese logotipo: porque queremos ser escuchadas, saber que tenemos derechos y también obligaciones. Fuimos el primer centro en tener un boletín con logotipo.

Personas privadas de libertad en el área de estudio. Fotos: cortesía del SNAI.

¿Desde cuándo estuvo encargada del boletín?

Desde 2019. Lo hacíamos en formato A4 y llegó a tener hasta veinte y cinco hojas. En mi caso, yo ponía los contenidos y lo diseñaba bajo la supervisión de un funcionario. Esta persona lo revisaba y lo pasaba a manos de la directora del centro, y ella lo aprobaba o hacía correcciones, cuando era necesario sacar o anexar algo.

¿Por qué dejaron de publicarlo?

Ya tenemos tres meses sin hacer el boletín. El tema es que antes había una cámara (en el boletín informativo A viva voz se ven sobre todo fotos), que fue donada por una abogada que estuvo aquí y, con el tiempo, se nos dañó. Nos han dicho que se está gestionando otra cámara, pero con el estado de excepción se está demorando.

¿Qué decían sus compañeras sobre lo que allí se publicaba?

Siempre hay comentarios positivos y negativos en todo. Lo positivo era el entusiasmo que mostraban las compañeras para destacar o hacer mejor sus cosas y salir en la edición. Lo negativo: por ahí me decían que ando “creída”, porque pasaba haciendo el boletín o por alguna foto que publicábamos y no faltaba quien decía que no va a ganar puntos con esa foto para poder acceder a un beneficio penitenciario, y cosas así.

Hablemos de sus estudios. Entiendo que sigue preparándose. ¿Qué estudia y por qué?

Hace un tiempo vinieron unas personas de un instituto tecnológico superior a hablarnos sobre unas becas. Participamos quince personas de este centro pero solo ganamos cinco. Las carreras que podíamos estudiar dependían de los puntajes que sacábamos en unos test que ellos hacían. Se podía estudiar Turismo, Secretariado y Diseño de Software (para esta última se necesita ochocientos puntos). Bueno, el tema es que las personas del instituto vinieron a capacitarnos antes del test. Estudié mucho y gané: saqué 890 sobre 1000. Tuve la oportunidad de estudiar Diseño de Software hasta cuarto semestre, pero por restricciones con el internet (y programas que necesitaba) no pude continuar. Desde 2023 estoy estudiando Tecnologías de Información y Comunicación en una universidad pública: estoy en cuarto semestre. Después, gané una beca para estudiar Contabilidad en un instituto. En Contabilidad, estoy en primer semestre.

¿Cómo hace con las tareas o accede a las clases desde aquí?

Aquí sí hay apertura. Las clases de escuela y colegio son presenciales. Los estudios superiores sí son a distancia. Yo estudio en el área educativa (donde estamos ahora) y, cuando no está la licenciada encargada, los funcionarios me dan permiso y vengo y puedo avanzar con mis tareas. Cuando hacía el boletín dividía mi tiempo: me dedicaba a eso lunes, martes y miércoles, y los jueves y viernes me ocupaba con mis tareas. A veces también me organizaba y ayudaba con sus tesis a otras personas. Hubo un tiempo en el que ayudaba con sus estudios a siete personas. Yo decía que eran como mis estudiantes. Tenía un estudiante en cuarto semestre, otro en tercero y cinco en primer semestre. Les asesoré incluso con sus tesis: a toditos los gradué.

Puedo ver que trata de mantener su cabeza y su tiempo ocupados. ¿Por qué?

Cuando paso ocupada me siento libre, hasta cuando llega la noche… Por eso prefiero pasar todo el día ocupada.

Espacios adecuados para el estudio en los centros de privación de libertad.


Usted colabora también con el eje educativo. ¿En qué consiste esa función?

Consiste en que, según lo que me pide la licenciada encargada, a mis compañeras les damos clases de refuerzo. Si hay alguna persona que no entiende algo, por ejemplo, conversamos con la licenciada y le ayudamos. Actualmente, en lo que es el eje educativo, hay veinte y ocho personas en educación básica y catorce estamos cursando estudios superiores. El resto de compañeras asiste a charlas no escolarizadas. Muchas, por lo general, se dedican más al eje laboral: lo que es bordados, tejidos, manualidades, todo eso.

¿Considera que todas esas actividades y, en general, lo que ha aprendido durante este tiempo le han aportado?

Ha sido difícil, sí, pero todo esto nos aporta mucho en cuanto a reinserción social. Yo, por ejemplo, tengo una familia muy difícil, muy de pensar en lo que dice la gente. Entonces mi meta, por eso, ha sido estudiar, superarme mucho más para demostrarle no solamente a mi familia, sino a todos los que piensan mal, que las personas privadas de libertad sí nos podemos superar, que sí somos capaces. Es cierto que hay muchas barreras, pero depende de nosotros salir adelante. Yo siempre digo que detrás unas rejas sí hay vida, y mi propósito es enseñarles a mis hijos que, pese a que su mamá está detenida, sí puede superarse, ser mejor madre, ser mejor persona. Y que, si fallé en algo, enmendaré ese error.

Me imagino que usted ha hablado con sus hijos al respecto. ¿Qué les ha dicho?

Sí y, bueno, también hice una carta que salió en la segunda edición de la revista La Carcelaria (“A mis tesoros”, firmada con el pseudónimo Jordi M.). Me inspiré en ellos y ahí les dije todo lo que les quería decir. Aunque no la firmé con mi nombre, para ellos fue una alegría tan grande cuando la leyeron… Se sintieron muy felices y hasta se descargaron la revista de la plataforma del SNAI. Al más pequeño le habían dicho en la escuela que su mamá era “famosa”, una “poeta”, porque su carta fue seleccionada entre tantas para ser publicada. Esas cosas a una le dan vida. Siempre he dicho que mis hijos son mi motor de cada día.

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