PARA MI MADRE QUE EN PAZ DESCANSE

Yaudry P.
CPL Cotopaxi N° 1

Madre mía de mi vida, oro por ti, por tu descanso eterno. Te pido perdón porque, aunque no estés presente físicamente, sé que en mi mente, en mi corazón y en mi espíritu, tú estás. Te pido perdón porque sé que como madre sentirás que has fallado.

No me excuso, simplemente busco y te pido una disculpa desde el fondo de mi ser. Cometí un gran error y lo estoy pagando caro. Me vienen millones de recuerdos de mi crianza junto a mis hermanas, que me hacen sentir malagradecida. Sé que diste lo mejor de ti como madre, como mujer y como persona. Fuiste un gran ejemplo. Acepto que mis malas decisiones fueron por voluntad propia. La necesidad y las ganas de darle todo lo que yo no tuve a mi hija me trajeron al caos donde me encuentro.

Te cuento, mami, que el primer día que llegué aquí, a este centro de privación de libertad, era sábado de madrugada. A pesar de mi carácter fuerte, ese momento fue uno de los más débiles en mi vida. Sentí un miedo terrible. Entre los muchos comentarios de las personas en la calle, se escuchaban cosas muy feas sobre estos sitios. No sabía lo que podía pasar, pero, aun así y aceptando mis responsabilidades, tuve que ser fuerte. Mi vida dio un cambio drástico e inesperado, pues las cosas siempre pasan por algo. Sé hoy en día que de los errores se aprende. No me considero una mala persona: simplemente las malas decisiones y las malas compañías me hundieron en las tinieblas. El primer mes o poco más, me mantuve encerrada en la celda en donde fui ubicada, agobiada por pensamientos y desahogándome en la lectura, hasta que poco a poco fui asimilando mi nueva situación. Pensaba a diario en mi hija, en mi esposo, en mis hermanas y en mis sobrinos. Un día decidí salir de ese encierro mental donde yo mismo me tenía. Así, comencé a participar en muchas actividades que me han ayudado a estar tranquila. Doy gracias a Dios porque, a pesar de todo, aquí conocí muchas buenas personas que me apoyaron desde el primer día en que me ingresaron al pabellón. Aquí sí hay muchas que ayudan de corazón, como “la Vero”, a quien nunca dejaré de agradecer por su apoyo incondicional: una bella mujer de gran corazón. A muchos les doy lástima. Piensan que estar presa es estar muerta. Juzgan sin entender lo que no viven. Me siento tranquila conmigo misma porque aquí he aprendido muchas cosas. Sobre todo, he aprendido a valorar la vida más allá de lo material: las acciones sentimentales, el valor del tiempo y del espacio, el valor de la vida sin tanta privación.

Seguiré aprovechando el tiempo aquí adentro, para seguir aprendiendo muchas cosas, tanto a nivel personal como intelectual, con actividades, talleres y cursos. Confío en mí: sé que puedo y podré con todo. Ruego a Dios y a la Virgen que me den paciencia y sabiduría para ser una mujer de bien y no repetir errores. Mamita, vivimos retos, triunfos, momentos felices, momentos tristes y fracasos: siempre juntas, gracias por la confianza, gracias por su apoyo incondicional, gracias por tanto amor, gracias simplemente por ser mi madre.

Sé que, aunque yo esté en este lugar y tú en tu vida eterna, me acompañas y me apoyas como me hizo sentir aquel sueño, aquella vez en la celda. En ese momento, te sentí conmigo y sentí tan real aquel sueño. Me decías que me amabas por sobre todas las cosas y que estarías conmigo. Vivirás por siempre y para siempre en mi mente, en mi alma y en mi corazón.

Atentamente,

tu hija que te amará por siempre.

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