CPL El Oro N° 2
Zaruma, 6 de octubre de 2023.
La madre es nuestro primer y más importante vínculo con la vida misma. Provee la nutrición en nuestro desarrollo, en su vientre. Durante esos nueve meses, aproximadamente, nos enseña a tomar las provisiones para la vida. Representa las herramientas que tendremos para enfrentar la vida. Recibimos de ella la energía vital y, conforme haya sido esa energía, nos sentiremos aquí y ahora. Una persona que está siempre enojada, en el fondo, desde el inconsciente, posiblemente lo está con su madre y, entonces, usa expresiones como: “está enojado con la vida o está en guerra con la vida”. Sin embargo, la madre representa la vida. Algunas emociones no saludables y enfermedades son el reflejo por no estar en balance con esa energía, es estar discordantes con la energía de vida (por la falta de la madre, es decir, por no estar nutrido emocionalmente).
Por otro lado, también de la madre viene la relación que mantenemos con nuestro cuerpo físico, con el mundo, con la comida y con otras relaciones. La madre, al alimentarnos, no solo lo hizo para nuestro crecimiento, sino también para nuestro futuro, para enfrentar la vida misma. Si en nuestra infancia no nos sentimos prósperos emocionalmente con nuestra madre, será igual en nuestra vida adulta con el mundo.
Algo importante a considerar: si nuestra madre no fue emocionalmente próspera (sino al contrario), nosotros estaremos carentes de nutrimento emocional. Esto sucede, seguramente, porque ella también tuvo esa carencia de su madre. No podía entregar lo que a ella también le fue negado.
“Damos lo que tenemos”. Por consiguiente, si yo no recibiese cuidado suficiente por parte de mi madre (con las necesidades afectivas y emocionales cubiertas), difícilmente yo podré darle eso a mis hijos.
Cuando no tomamos la energía vital de la madre, guardamos memorias de dolor, de carencias, de desbalance en las relaciones, de abandono y desamor. Hoy es un buen día para sanar esa energía para nuestro propio bienestar y el de nuestros hijos (si es que los tenemos o vamos a tener). Supone abandonar la práctica de quedarse viendo al pasado, esperando esa energía. Nosotros mismos, conscientemente, debemos crear una cadena de nutrición, sanando y recuperando la fortaleza y el amor a la vida, liberando reproches, culpas y críticas a nuestra madre.
Hoy te comparto una carta para sanar la energía de madre a hija y poner algo con aroma donde te recuerde todo lo malo que vivimos, pues ahora sí vamos a sanar nuestra relación. A partir de hoy no te juzgaré, ni criticaré, ni recriminaré tus acciones. En su momento, hiciste lo que tenías que hacer y hoy comprendo que nadie te enseñó a ser mamá. Hoy tomo las riendas de mi vida y me responsabilizo por ella. Te doy gracias por darme la vida, por llevarme en tu vientre, por darme ese espacio por nueve meses, por darme la bienvenida a este mundo y, en especial, por dejarme ser tu hija con mis errores y virtudes.
Hoy puedo darme cuenta que tú eres la mamá que tenías que ser, para que yo trabajara y sanara a ese niño o niña herida que he tenido en mí por tantos años. Hoy entiendo que ya es el momento de hacerme cargo de él o ella y te libero de esa carga que te he impuesto, para curarme y rescatarme.
Perdóname por no saber ver que tú también tienes tus miedos y tus propias heridas emocionales y por creer que solo se trataba de ti, cuando también se trataba de mí.
Discúlpame por la parte de la historia que a mí me corresponde y por no responsabilizarme de ello.
Te pido perdón si me quise ir de tu vida, si me fui, si te lastimé. Te pido perdón por no querer saber de ti, por olvidarte, por no estar para ti, pero, sobre todo, por no honrarte, ni amarte lo suficiente.
Dios te bendiga siempre, madre.

