«DURANTE EL TIEMPO QUE HE ESTADO AQUÍ, HA HABIDO MUCHO RESPETO. NO ES QUE, POR SER GAY, HE TENIDO UNA MALA EXPERIENCIA»

Entrevista a Roberto A.

CPPL Pichincha N° 1

Roberto A. llegó al Centro de Privación Provisional de Libertad Pichincha N° 1, ubicado en el sector de El Inca, en octubre de 2023. Antes de estar privado de libertad, era estilista y propietario de un negocio establecido en el sur de Quito, dedicado a ofrecer cortes de pelo y manicuras. Roberto tiene cuarenta y dos años, es quiteño y parte de la población LGBTI+ que convive en uno de los centros de privación de libertad, a nivel nacional.

Entre las situaciones que le ha tocado vivir durante este tiempo, resalta que, “gracias a Dios, las cosas ya no son como antes” para las personas LGBTI+ en los centros de privación de libertad y, sobre todo, que ha sido tratado con respeto.

Estamos en una oficina con una sola ventana, proporcionada por uno de los funcionarios del CPPL Pichincha N° 1. Es la tarde del viernes 17 de mayo. A Roberto le alegra dejar por un momento su pabellón y hablar con otras personas, nos dice, al tiempo que hace pasar su mirada hacia afuera, a través de una diminuta ventana. El tráfico en el sector está insoportable; el sol quema como solo puede hacerlo en una ciudad que se levanta a 2850 metros de altura. Roberto A. está listo para empezar la entrevista.

Entiendo que la situación puede ser mucho más difícil para las personas LGBTI+ en los centros de privación de libertad. ¿Cómo te ha ido, en ese sentido, en este centro?

Gracias a Dios, nos han tratado bien. Nos han dado cursos para aprender manualidades. Además, tenemos estudio bíblico, biblioteca, atención médica y psicológica… Había dos cursos en los que quería participar, pero están suspendidos debido a las cosas que han pasado (la crisis de seguridad nacional y la intervención militar en el sistema penitenciario). Espero poder acceder más adelante.

¿Cómo es la relación entre las personas LGBTI+ en este lugar?

En total, somos unas veinticinco personas, aunque, por miedo al rechazo y todo eso, hay mucha gente que no dice que es gay. Me imagino que debemos ser muchísimos más. Estamos ubicados en diferentes pabellones: hay dos o tres personas gays por cada pabellón y me parece que es mejor así, ya que, a veces, hay muchos problemas entre las personas de la comunidad. Pero, de todos modos, te puedo decir que nos vemos, nos conocemos, saludamos y tenemos una relación cordial.

¿Existe alguna actividad que hagan de manera grupal?

Una licenciada nos reunía a todas las personas que formamos parte de la comunidad. Con ella salíamos a conversar, hacíamos actividades de convivencia, compartíamos una o dos horas a la semana. Por los problemas que han pasado (la crisis penitenciaria y de seguridad), esas actividades están suspendidas. Antes de eso, yo pude participar en dos actividades, en las cuales nos llevaban a unas quince personas de cada pabellón (no solo de la comunidad LGBTI+) a la biblioteca y nos mostraban videos y audios sobre los derechos de las personas gays y el respeto que merecemos. Fíjate que estamos privados de libertad y, gracias a los psicólogos y todas las personas que han explicado bien estos temas, ya no hay humillaciones —como las que se sabe que pasábamos en otros tiempos— o violencia de otro tipo. A mí eso me daba mucho miedo cuando entré. Me decía: “Dios mío, ¿será que porque soy gay me van a ofender, me van a tratar mal, se van a burlar?”. Porque tú sabes cómo dicen que era antes…

¿Consideras que las personas LGBTI+ son tratadas con respeto en este centro?

Hace un tiempo se sabía que, en los centros de privación de libertad, las personas con diferente orientación sexual eran humilladas, maltratadas y que vivían muchas cosas terribles. Ahora ya no: hay muchísima menos discriminación. Ya no ocurre como antes, cuando nos insultaban o se burlaban de nosotros. Por parte de los guías y funcionarios, se puede decir también que ellos comprenden nuestra situación y defienden nuestros derechos. Gracias a Dios, durante el tiempo que he estado aquí, ha habido mucho respeto. Cada quien vive su vida. No es que, por ser gay, he tenido una mala experiencia.

¿Cómo se podría mejorar la situación de las personas LGBTI+ privadas de libertad?

Yo diría que mediante charlas o capacitaciones, para que la gente que está aquí entienda que somos personas iguales, para que entiendan que todos tenemos los mismos derechos.

Tengo entendido que, hasta hace poco, se realizaban carnavales culturales y otras
actividades en las que participan personas LGBTI+. ¿Has tenido la oportunidad de participar en alguna de esas actividades?

Iba a participar. En diciembre íbamos a hacer unas comparsas. Dos licenciadas estaban organizando eso. Con ellas salíamos al patio, nos reuníamos y practicábamos todas las semanas. Íbamos a bailar música “chicha”, porque aquí a la mayoría de personas les gusta “la chicha”. Incluso iban a venir visitas y familiares, pero, por el momento, esas cosas se han suspendido… De todos modos, te puedo decir que practicar y estar reunidos fueron experiencias
muy agradables.

¿No te gusta “la chicha”?

La verdad, me gusta el reguetón y la música electrónica. “La chicha” no me ha gustado nunca, pero meterme en el grupo y practicar fue muy agradable.

¿Cuánto tiempo te queda en este centro de privación de libertad?

Yo estoy acá porque me acusaron de ser cómplice en una estafa… Me dieron nueve años, pero estoy en etapa de apelación. Tengo mucha fe en que voy a salir pronto. Lo principal, aquí, cada día, es no perder la fe.

¿Cómo se hace para no perder la fe en una situación así?

La verdad es que, psicológicamente, estoy acabado. Estar encerrado es lo peor. Es la primera vez que estoy privado de libertad, y uno se trauma, siente miedo. A veces digo: “Dios, ¿qué hago aquí?”. Ahora, por ejemplo, me está ayudando una doctora psiquiatra a la que pude acceder gracias a las personas de este centro. Mira que, a pesar de todo, nos han tratado bien. Ella me ha ayudado, me mandó unas pastillas para poder dormir, pues, muchas veces, no puedo hacerlo por el miedo o la preocupación de que me pase algo… Pero acá también he conocido gente buena, que ha cometido errores, sí, pero que está pagando las consecuencias. Hay todo tipo de casos.

¿Consideras que te has encontrado en este centro con personas buenas?

Miembros de la comunidad LGBTI en talleres. Fotos: Cortesía del SNAI.

He conocido a dos PPL que son muy buenas personas. A veces, cuando he llorado, se han acercado y hemos hablado. También hay una licenciada, la licenciada Tania, que es una linda persona y me ha ayudado. Ella ayuda, moralmente, a todos. Además, nos llevan a hablar, cada semana, con un psicólogo. Eso ayuda: se necesita “full” hablar. Y, asimismo, hay personas privadas de libertad de cincuenta, sesenta años, personas mayores, que tienen más experiencia y, psicológicamente, te ayudan a no perder la fe. En realidad, es muy duro estar aquí, pero es lo que toca.

Puedo notar que eres una persona religiosa. ¿Las personas privadas de libertad reciben algún apoyo, en ese sentido?

Sí, eso no se ha suspendido. Tenemos actividades religiosas en cada pabellón. En el pabellón en donde estoy, tenemos los martes y los viernes. Hay una persona que lee la palabra de Dios y nos ayuda a entenderla. También tenemos biblias… En mi pabellón, nos reunimos para el culto unas sesenta o setenta personas. Eso nos ayuda muchísimo. Yo soy creyente. Mi familia es cristiana.

¿Tienes algún proyecto para cuando recobres tu libertad?

Quisiera abrir nuevamente mi peluquería y trabajar. Ahorita está cerrada. Allí trabajábamos una chica que hacía las uñas y yo. Yo era estilista y barbero. Cortaba a hombres y mujeres. Era una peluquería unisex.

¿Quién se encarga de los cortes de pelo en este centro?

En cada pabellón hay un barbero. A mí me gustaría, la verdad, ayudar con ese tema. Me gustaría pedir autorización a la directora o director y poder también cortar. Hay mucha gente que anda con el pelo largo, con la barba crecida, que no tiene dinero y necesita ese servicio. Aquí hay unas cinco personas que somos estilistas y que podemos apoyar a las personas que no tienen dinero.

¿Sería un servicio gratuito para los que, en verdad, no tienen con qué pagarlo?

Exacto. Les cortaríamos el pelo gratis y ya, todo chévere. De esa manera ayudaríamos a otras personas y eso también nos ayudaría a nosotros, a las personas de la comunidad, para salir adelante. Esa es una de las cosas que he aprendido en este lugar, que todos podemos, de una u otra manera, colaborar y ayudarnos entre todos.

Parte de la población LGBTI+, antes de un show de danza.

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