CARLOS M., CIUDADANO COLOMBIANO Y QUIROPRÁCTICO, 44 AÑOS

«Lo más importante que aprendí al ser privado de mi libertad es que, sin importar donde uno se encuentre, siempre se puede ser útil. Sin embargo, primero le voy a contar cómo fue mi proceso. Yo soy de Bogotá, pero vivo en Ecuador hace veinte años. Estuve vinculado a un proceso de traslado de personas que no tenían permiso para estar en Colombia y, así, en 2014, se dio mi detención. Estuve en el antiguo CDP (Centro de Detención Provisional) de Quito y la Cárcel 3 (expenal García Moreno). Luego me llevaron a Latacunga (Centro de Privación de Libertad Cotopaxi N° 1), donde estuve más o menos ocho meses. De ese lugar, me trasladaron a El Turi (CPL Azuay N° 1), en Cuenca.

Ese cambio me pegó duro, porque a mi esposa y mis hijos, que viven en Quito, se les hacía muy difícil visitarme. Con mi esposa, de todas maneras, logramos coordinar para que yo pudiera recibir al menos una visita cada mes; el viaje con mis hijos era más caro, así que los veía cada tres meses. En una situación así a uno le toca sacar fuerzas y adaptarse, aprender a convivir con los compañeros y tomar la decisión de seguir adelante… Para eso, lo primero es no dejarse ganar por el ocio. ¿Qué había en El Turi para mantenerse activo? Biblioteca, escuela, colegio, universidad, talleres de madera y origami, campeonatos deportivos… En Latacunga, de hecho, estuve en mi primer taller de madera y, luego, seguí aprendiendo en El Turi.

Anteriormente, yo no sabía nada sobre el arte de la madera, pero desde que estoy privado de libertad no he dejado de aprender. Así también me pasó, en su momento, con mi otro don, la quiropraxia, y los cursos que he hecho en Ecuador, Perú y Colombia. Eso es lo que le decía al principio: a veces uno tiene que estar ‘amarrado’ para darse cuenta de los dones que tiene, pero todo empieza con la voluntad de ser útil.

Pude acogerme al beneficio de la prelibertad en 2018, con el cuarenta por ciento de mi pena cumplida, luego de las actividades de rehabilitación y el trabajo psicológico que hice en El Turi. Desde ahí he seguido con el proceso. Como extranjero, además le puedo contar que nunca he tenido una experiencia de discriminación en Ecuador, ni afuera (en la sociedad) ni adentro (en un CPL). Ahora, más bien, tengo tres locales dedicados a la quiropraxia y quiero montar una escuela para seguir enseñando. Lo mismo me pasa con el arte de la madera».

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