Emerson C.
CRS Pichincha N° 2
La “cana” no es eterna. Escucho a mis “causas” decir: “la ‘cana’ no te mata”. Te animan los más antiguos. “Esto es pagando, no llorando”, dice el caporal de mi pabellón. “Todos son culpables, solo yo soy inocente”, les dice a todos con los que se cruza el “causa” al que no le cuadran las cuentas.
Cuatro paredes cambiaron mi vida: del cielo al más profundo de los agujeros sociales, pues después de esto solo el cementerio es lo más cercano al olvido. Han pasado ya varias lunas desde que estoy acá. “Merecido lo tiene”, “ahí es donde deben estar los delincuentes”, “corrupto”, “ladrón”, “mafioso”, “maldito” o “escoria” son las expresiones que los míos escuchan afuera y es lo que han dicho las noticias desde que caí hasta hoy.
Cada noche cierro mis ojos pidiéndole al ser supremo que los mantenga así para iniciar mi viaje al Hades, pero, ¿sabes lo que me levanta cada día?, ¿sabes lo que me hace decir que no soy ninguna escoria ni un paria de esta sociedad?
La respuesta es soñar cada día en los ojos color luna que anhelo volver a ver, es sentir otra vez sobre mi pecho el palpitar tierno de su corazón, el poder verla correr hacia mí y fundirme en ese abrazo, aunque para recibirlo sé que va a pasar aún más tiempo. No obstante, es mi sueño y nadie me lo quitará, ni siquiera las disposiciones que, lejos de “reinsertar”, lo que hacen es denigrar: no me gustan esos seres que se creen oráculos de saber infinito en el que disfrazan su alma frustrada. Ese sueño y la dignidad no me los van a quitar. La libertad llegará, dada por la justicia o por la parca, pero llegará… Y volaré al páramo donde, entre la lluvia y la niebla, mi alma se desvanecerá.

CPL Pastaza N° 1
Libertad y paz.

